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domingo, 11 de febrero de 2018

André Breton


SELECCIÓN PREVIA POESÍA


La unión libre

Mi mujer con cabellera de fuego de leña
Con pensamientos de relámpagos de calor
Con talle de reloj de arena
Mi mujer con talle de nutria entre los dientes del tigre
Mi mujer con boca de escarapela y de ramillete de estrellas de última magnitud
Con dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca
Con lengua de ámbar y de vidrio frotados
Mi mujer con lengua de hostia apuñalada
Con lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
Con lengua de piedra increíble
Mi mujer con pestañas de palotes que escriben los niños
Con cejas de borde de nido de golondrinas
Mi mujer con sienes de pizarra de techo de invernadero
Y de vaho en los cristales
Mi mujer con hombros de champagne
Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo
Mi mujer con muñecas de fósforos
Mi mujer con dedos de azar y de as de corazón
Con dedos de heno segado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
De alheña y de nido de escalarias
Con brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de mezcla de trigo y de molino
Mi mujer con piernas de cohete
Con movimientos de relojería y desesperación
Mi mujer con pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer con pies de iniciales
Con pies de manojos de llaves con pies de pajaritos que beben
Mi mujer con cuello de cebada sin perlar
Mi mujer con garganta de Valle de Oro
De cita en el lecho mismo del torrente
Con senos nocturnos
Mi mujer con senos de topera marina
Mi mujer con senos de crisol de rubíes
Con senos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer con vientre de despliegue de abanico de los días
Con vientre de garra gigante
Mi mujer con espalda de pájaro que huye vertical
Con espalda de azogue
Con espalda de luz
Con nuca de piedra de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso en que se acaba de beber
Mi mujer con caderas de barca
Con caderas de araña y de plumas de flecha
Y de canutos de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer con nalgas de greda y de amianto
Mi mujer con nalgas de lomo de cisne
Mi mujer con nalgas de primavera
Con sexo de gladiolo
Mi mujer con sexo de yacimiento y de ornitorrinco
Mi mujer con sexo de alga y de bombones viejos
Mi mujer con sexo de espejo
Mi mujer con ojos llenos de lágrimas
Con ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer con ojos de sabana
Mi mujer con ojos de agua para beber en prisión
Mi mujer con ojos de bosque siempre bajo el hacha
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego

(L'Union libre, 1931.)
Por cierto eres un gran dios
Te he visto con mis ojos como no vi a ninguno
Cubierto aún de tierra y de sangre te encuentras acabas de crear
Eres un viejo campesino ignorante
Para restablecerte comiste como un chancho
Estás cubierto de humana suciedad
Se ve que estás metido en eso hasta las orejas
No entiendes nada ya
Nos miras de soslayo desde un fondo de valvas
Que levantes las manos te dice la creación y tú aún amenazas
Aún inspiras temor aún maravillas

(Xénophiles, 1948.)


El marqués de Sade


El marqués de Sade ha regresdo al interior del volcán en erupción
De donde había venido
Con sus hermosas manos ornadas todavía
Sus ojos de muchacha
Y esa razón en flor de sálvese quien pueda
Que sólo estuvo en él
Pero desde el salón fosforecente con lámparas de vísceras
No ha dejado de dar órdenes misteriosas
Que abren una brecha en la noche moral
Por esta brecha veo
Las grandes sombras crujientes la vieja corteza minada
Que se disuelve
Para dejar que te ame
Como el primer hombre amó a la primera mujer
Con toda libertad
Esta libertad
Por la que el fuego se hizo hombre
Por la que el Marqués de Sade desafió a los siglos con sus grandes árboles abstractos
De acróbatas trágicos
Montados en el hilo de la Virgen del deseo.

(L'Air de l'Eau, 1934.)

En la bella penumbra...

En la bella penumbra de 1934
El aire era una espléndida rosa color salmón
Y la espesura cuando me disponía a entrar en ella
Comenzaba por un árbol con hojas de papel de cigarrillo
Porque yo te esperaba
Y si tú vas conmigo
No importa adonde
Tu boca es de buena gana la amapola
De donde vuelve a partir sin cesar la rueda azul difusa y rota que sube
Para palidecer en la costumbre
Todos los prestigios se apresuraban por encontrarme
Una ardilla había venido a aplicar su blanco vientre sobre mi corazón
No sé cómo se sostenía
Pero la tierra estaba llena de reflejos más profundos que los del agua
Como si el metal por fin se hubiera desasido de su cáscara
Y tú acostada sobre el inquietante mar de piedras preciosas
Girabas
Desnuda
En un enorme sol de fuegos de artificio
Yo te veía descender lentamente de los radiolarios
Las espinas mismas del erizo de mar yo estaba allí
Perdón no estaba ya
Había alzado la cabeza porque el viviente cofrecillo de teciopelo blanco me había abandonado
Y estaba triste
El cielo entre las hojas aparecía huraño y duro como una libélula
Iba a cerrar los ojos
Cuando dos paneles del bosque que se habían separado bruscamente se abatieron
Sin ruido
Como dos hojas centrales de un lirio inmenso
De una flor capaz de contener toda la noche
Estaba donde tú me ves
En el perfume tocado a todo vuelo
Antes de que ellas volvieran como cada día a la vida cambiante
Tuve tiempo de apoyar mis labios
En tus muslos de vidrio.

(L'Air de l'Eau, 1934.)

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