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miércoles, 16 de mayo de 2012

V. MAIAKOVSKI selección poesía AUPA BIBLIOTECA VIRTUAL


A TODOS 


De mi muerte, no se culpe a nadie, y por favor, sin comentarios. 
Al difunto le molestaban enormemente. 

Mamá, hermanas, camaradas, 
perdonadme, -no es un método- (no se lo aconsejo a nadie), 
pero no tengo otra salida. 

Lila, ámame. 

Camarada Gobierno: mi familia se compone 
de Lila Brick, mamá, mis hermanas y
 Verónica Vitóldovna Polónskaia. 

Si les haces la vida soportable, gracias. 


Envíen los versos sin terminar a los Brick.

 Ellos sabrán descifrarlos. 


Como se dice, el "incidente" ha terminado, "la barca del amor, 
se estrelló contra la vida cotidiana": 

Estoy a mano con la vida, y es inútil recordar,
 dolores, desgracias, y ofensas recíprocas. 

Sigan felices. 



EL POETA ES UN OBRERO 


Se le ladra al poeta: 

"¡Quisiera verte con un torno! 

¿Qué, versos? 

¿Esas pamplinas? 
¡Y cuando llaman al trabajo, te haces el sordo!" 



Sin embargo 

es posible que nadie 

ponga tanto ahínco en la tarea 

como nosotros. 



Yo mismo soy una fábrica. 

Y si bien me faltan chimeneas, 

esto quiere decir 

que más coraje me cuesta serlo. 



Sé muy bien 

que no gustáis de frases vacías. 

Cuando aserráis la madera, es para hacer leños. 



Pero nosotros 

qué somos sino ebanistas 

que trabajan el leño de la cabeza humana. 


 
CONVERSACIÓN CON EL INSPECTOR FISCAL SOBRE POESÍA 





Ciudadano inspector, 

perdone la molestia. 



Gracias, 

no se preocupe, 

me quedaré de pie. 



Quiero tratar 

un asunto bastante delicado: 

qué sitio ha de ocupar 

el poeta 
en las filas obreras. 



Igual que los que tienen 

tiendas y terrenos 

también yo debo pagar 

impuestos. 



Usted me pide 

quinientos al semestre 

más veinticinco 

por no declarar a tiempo. 



Mi trabajo 

es igual 

a cualquier otro. 



Mire 

cuántas pérdidas, 

cuántos gastos 

invierto en materiales. 



Usted sabe 

naturalmente 

eso que llaman rima. 



Si la primera línea 

termina en "ajo" 

entonces, la tercera, 

repitiendo las sílabas 
debe poner 
algo así 
como "cascajo". 



Si utilizo su lenguaje 

la rima es un cheque, 

hay que cobrarlo alternando los versos 

y buscas 
con detalle sufijos y prefijos 
en el cofre vacío 
de las declinaciones, 
de las conjugaciones. 



Coges una palabra 

y quieres meterla en la estrofa 

pero si no entra 

y aprietas, 
se rompe. 



Ciudadano inspector: 

le juro 

que el poeta paga caras 

las palabras. 



Hablando mi lenguaje 

la rima es un barril 

de dinamita, 

y la estrofa es la mecha. 



La estrofa se consume, 

y estalla la rima, 

y por el aire y la ciudad 

la estrofa 
vuela. 



¿Dónde hallar, 

y a qué precio, 

rimas que estallen 

y de golpe maten? 
Quizá sólo sean 
cinco las rimas 
increíbles 
y sin estrenar, perdidas 
más allá 
de Venezuela. 



Me voy a buscarlas, 

haga frío, haga calor, 

atado por anticipos, préstamos y deudas. 

Ciudadano, 
tenga en cuenta 
el pago de los viajes. 



La poesía 

toda 

es un viaje a lo desconocido. 

La poesía 
es como la extracción del radio 
-Un año de trabajo 
para sacar un gramo. 



Sacar una sola palabra 

entre miles de toneladas 

de materia prima verbal. 



Pero ¡qué ardiente 

el calor de estas palabras 

comparado 

con la humeante 
palabra bruta! 



Esas palabras 

mueven 

millares de años, 

millares de corazones. 



Claro 

que hay poetas 

de distinta calidad. 



Muchos 

de hábil mano, 

como prestidigitador, 

sueltan estrofas de la boca, 
suyas y de otros. 



Y para qué hablar 

de los castrados líricos. 



Meten un verso ajeno 

y están felices. 



Eso es 

robo y despilfarro 

uno más entre los que azotan el país. 



Esos 

versos y odas 

aplaudidos 

hasta la saciedad 
entrarán en la historia 
como gastos accesorios 
de lo hecho 
por dos o tres buenos versos 
de nosotros. 



Muchos kilos de sal 

habrás de comer 

como suele decirse, 

y fumar cien cigarrillos 
hasta 
sacar 
la palabra preciosa 
de las honduras artesianas 
de la humanidad. 



Rebaje por eso 

los impuestos, 

quítele 

una rueda 
a los ceros. 



Uno noventa 

cuestan cien cigarrillos. 



Uno sesenta 

la arroba de sal. 



Demasiadas preguntas 

su formulario tiene: 

Ha viajado 

o no ha viajado? 
Y si le respondo 
que en estos quince años 
he reventado 
decenas de Pegasos, 
¿qué? 
Póngase usted 
en mi sitio, 
piense en el servicio 
y propiedades. 



¿Qué ha de contestarme 

si le digo que soy 

caudillo popular 

y al mismo tiempo 
trabajo a su servicio? 
La clase obrera 
vibra en nuestras palabras, 
somos proletarios 
motores de la pluma. 



La máquina 

del alma 

se gasta con los años. 



Dicen entonces: 

estás gastado, 

fuera. 

Cada vez amas menos, 
te arriesgas menos 
y mi frente 
desgastada 
por el tiempo no arremete. 



Entonces llega 

el desgaste mayor, 

el desgaste 

del alma, del corazón. 



Y cuando 

este sol, 

grande y redondo 

se alce 
en el futuro 
sin lisiados ni tullidos, 
ya me habré 
podrido, 
muerto en una cuneta 
junto 
a decenas 
de mis colegas. 



Hago 

mi balance final. Afirmo, 

y no miento: 

entre los vividores 
y actuales fulleros 
seré 
el único 
con deudas impagables. 



Nuestra deuda 

es aullar 

como sirenas de bronce, 

entre la niebla filistea 
y el fragor de la tormenta. 



El poeta 

siempre adeuda al universo, 

paga con su dolor 

las multas, 
los impuestos. 



Adeudo 

las calles de Broadway, 

los cielos de Bagdad, 

el ejército rojo, 
los jardines de cerezos del Japón, 
todo aquello 
sobre lo que aún 
no pude cantar. 



Al fin y al cabo 

¿para qué 

tanto jaleo? 



¿Para disparar rimas 

y atronar con el ritmo? 

La palabra del poeta 

es su resurrección, 
su inmortalidad, 
ciudadano inspector. 



Dentro de cien años, 

en un pliego de papel 

cogerán una estrofa 

y resucitarán este tiempo . 



Y ese día 

surgirá 

con fulgor de asombros, 

y olor a tinta 
le envolverá en su vaho, 
señor inspector. 



Usted, habitante convencido 

del día de hoy 

saque en el Comisariado de Caminos 

un pasaje para la eternidad, 
calcule 
el efecto de mis versos, 
divida 
mi salario 
en trescientos años. 



Mas la fuerza del poeta 

no estriba 

en que le recuerden a usted en el futuro 

y se asusten. 



No. 



Hoy 

la rima del poeta 

es caricia también, 

consigna, 
látigo, 
bayoneta. 



Ciudadano inspector, 

pagaré cinco 

quitando los ceros que van detrás. 



Por derecho 

yo 

reclamo un hueco 

entre las filas 
de los obreros 
y campesinos más pobres. 



Y si usted piensa 

que todo consiste 

en saber utilizar 

palabras ajenas, 
entonces, camaradas, 
aquí tienen mi pluma, 
y escriban 
ustedes 
cuanto quieran. 



150.000.000 

150.000.000 

150.000.000 es el nombre del artífice de este poema. 

Su ritmo: la bala. 

Su rima: el fuego saltando de un edificio a otro. 

150.000.000 hablan por mi boca. 
Esta edición fue impresa con la rotativa de los pasos, 
en el papel vitela del adoquinado. 



¿Hay quién pregunte a la luna? 

¿Hay quién pretenda que el sol le rinda cuentas? 



¿Quién se atrevería a afirmar: este es el autor 

más genial de la tierra? 



De igual modo 

este poema 

no tiene autor. 



Su única idea es 

brillar en el día naciente. 



Ese mismo año, 

en ese día y hora, 

bajo tierra, 

en la tierra 
por el cielo 
y aún más arriba 
aparecieron estos 
carteles, 
octavillas, 
afiches: 



"A TODOS¡ 

¡A TODOS! 

¡A TODOS! 

¡A todos 
los que ya no aguantan más! 
¡Salid 
y marchad juntos!" 



(firmas): 

La Venganza -maestro de ceremonias. 

El Hambre -administrador. 

La Bayoneta. 
La Pistola. 
La Bomba. 
(tres 
firmas: 
los secretarios) 



¡Vamos! 

¡Vamos, vamos! 

¡Ja, ja, 

ja, ja, ja, ja, 
ja, ja! 
¡Se caen! 

¡Eh, Juanón! 

¡Mete billetes en la alpargata! 

¡No vayas descalzo al mitin! 

¡Adiós, Rusia del alma! 

¡Se acabó el pobre! 
¡Ya encontramos otra Rusia! 
¡La internacional! 
¡Vamos! 
Sentado en sillón de oro 
toma té con bizcochos. 



Iré a verle, 

furioso. 

Iré a verle 

tísico. 
Iré a verle 
y le diré: 
"Wilson, oye 
Woodrow, 
¿quieres un cubo de mi sable? 
Ya verás..." 



Llegaremos hasta el mismísimo 

hasta Lloyd George 

Y le diremos: 

"Oye, 
Jorgito..." 
-Hasta él no llegas. 
Hasta él hay océanos. 



Con esos 

no puede 

el jamelgo ruso 



No importa. 

Iremos a pata. 



Despertaba a la llamada 

de los bosques 

Fieras y fierecillas segregaban fuerza. 



Un lechón gruñía aplastado por un elefante. 

Los cachorros formaban hileras de cachorros. 

El grito humano es insoportable. 

Pero la fiera 
se exprimía el alma. 



(Os traduciré el bramido de los animales, 

si no conocéis la lengua animal): 

"¡Escucha, Wilson, 

bola de grasa! 
Si la culpa es del hombre, 
castígalo. 
Nosotros 
no hemos firmado el pacto de Versalles. 
Las fieras, sí, 
¿pero por qué debemos pasar hambre? 
¡Que sufran ellos nuestro dolor animal! 
¡Quién pudiera hartarse una vez más! 
¡Vamos a las Indias, rebosantes de hierbas! 
¡A las praderas americanas!" 



¡Oh! ¡Oh-uh! 

Ya no cabemos en la jaula-bloqueo. 



¡Adelante, automóviles! 

¡Al mitin, motocicletas! 

¡Lo pequeño, a la derecha! 

¡Ceded el paso a los camiones! 
¡Los caminos se pusieron en fila india! 
Escuchad lo que dicen los caminos 



¿Qué dicen? 



"Nos asfixiamos de tanto viento y polvo, 

retorciéndonos en los railes por estepas hambirentas. 

Por dóciles kilómetros sin empedrar, 

estamos hartos de arrastrarnos tras los presidiarios. 
Queremos saturarnos de asfalto, 
ceder bajo el peso del expreso. 
¡levantáos! 
¡Basta de dormir 
carreteras mecidas por el polvo! 
¡Vamoooos!" 



¡Vamos a las minas! 

¡A por pan! 

¡A por el moreno! 

Sembrado para nosotros. 



Sin leña 

sólo los tontos pueden andar. 



¡Al mitin, locomotoras! 

¡Locomotoras, al mitin! 

¡Rápiiiido! 

¡Rápidorápido! 
¡Eh, 
regiones, 
levad anclas! 
Tras Tula, Astrakán, 
una mole tras otra, 
inmóviles 
desde Adán, 
arrancaron 
y avanzan 
sobre otras, con ruido de ciudades. 
Llevando por delante la oscuridad rezagada, 
tropezando con las frentes de los faroles, 
iban al mitin legiones de luz, 
con las zancadas de postes eléctricos. 



Y por encima 

conciliando el agua y el fuego, 

pudriñendose de ahogados, fluían los mares. 



"¡Paso a las olas del Caspio!" 

¡No volveremos a Rusia! 

No en el flaco Bakú. 

En las playas de la jubilosa Niza 
brincaremos con la ola mediterránea.» 
Y, por fin, 
tras el trueno 
de correr y trotar, 
respirando a pleno pulmón, 
en borbotones de nubes salieron por los agujeros 
los aires ya tormentosos de Rusia. 



¡Vamo-o-o-s! 

¡Vamos, vamos! 

¡Y todos 

los ciento cincuenta millones de gentes, 
billones de peces, 
trillones de insectos 
animales salvajes, 
animales domésticos, 
centenares de regiones, 
con todo lo que hay construido, 
lo que vive en ellas, 
todo lo movible, 
inamovible, 
lo que apenas se movía, 
reptando, 
arrastrándose, 
nadando. 



Marcho en avalancha 

¡en avalancha! 

Y retumbaba el sitio 

donde estuvo Rusia. 



Lo importante 

no es comerciar con sacarina, 

¡El corazón quiere ser campana que doble! 



Hoy 

al paraíso 

lanzaremos a Rusia 

más allá de los irisados pozos del crepúsculo. 



¡Ja, ja, 

ja, ja, ja, ja, 

ja, ja! 


¡Vamos, vamos! 
¡A través de la guardia blanca de las nieves! 

¿Por qué las regiones sacan sus carnosidades 

de los límites que por siglos les fijaron las autoridades? 

¿Por qué aguzan el oído de los cielos? 

¿A quién atalaya el horizonte? 



Por eso 

hoy 

los ojos del mundo entero 

están puestos en nosotros 
y todos los oídos alertas 
captan el más mínimo 
sonido nuestro 
Para ver esto 
Para escuchar estas palabras: 
esto es la voluntad de la revolución, 
lanzada más allá de sus últimos límites 
esto 
es un mitin 
armazones de máquinas, 
gentes, y cuerpos de animales, 
esto 
son manos 
patas 
pinzas 
bielas 
levantadas 
aun donde el aire enrarecido 
prometiendo una misma cosa al unísono. 



Olvidad 

a los poetas 

que lanzan aullidos celestiales, 

olvidadlos, 
escuchad esta canción: 



Vinimos a través de ciudades, 

nos abrimos paso en la tundra 

pisamos fango y charcos. 

Vinimos millones 
millones de obreros, 
millones de trabajadores y empleados. 
Vinimos de las casas, 
escapamos de los almacenes, 
de las callejuelas alumbradas 
por los incendios. 



Venimos millones, 

millones de objetos, 

destrozados, 

rotos, 
arruinados. 



Bajamos de las montañas 

reptamos por bosques 

y campos de cebada agostados por los años. 

Vinimos, millones, 
millones de ganado, 
cerriles, 
embrutecidos, 
hambrientos. 



Vinimos 

millones 

de impíos, 

paganos 
y ateos 
con la frente, 
el hierro oxidado, 
el campo 
Recemos todos 
a Dios, con fervor. 



¡Aparece, 

no de un mullido tálamo estelar, 

Dios de hierro, 

Dios de fuego 
Dios, ni Marte, 
ni Neptuno, ni Vegas, 
Dios de la carne, 
¡Dios-Hombre! 
Baja de las estrellas que brillan en las arenas, 
liberado de las alturas, 
terrestre, 
¡sal, 
aparece 
entre nosotros! 
No el que 
«estás en los cielos». 



Hoy 

a la vista de todos 

obraremos milagros, 

nuestros propios milagros. 



Nos encabritamos 

si en tu nombre 

hay que batallar 

en medio del humo 
en el fragor del turno. 



Nuestras hazañas 

serán más difíciles que las del Creador 

que llenaba 

de cosas el vacío. 



No sólo tenemos que construir 

con imaginación nueva, 

sino también dinamitar lo viejo. 



¡Sed, danos de beber! 

¡Hambre, aliméntanos! 



Ya es hora 

de llevar 

el cuerpo al combate. 



¡Más tupida 

sea la descarga 

contra los cobardes! 



¡Contra el montón, 

fuego de metralla! 



¡Que todo venga 

del mismísimo fondo del alma! 



¡A fuego, 

a llama, 

a hierro, 

a luz, 
abrasa, 
quema, 
corta, 
destruye! 



Nuestras piernas 

son abanicos que avientan la polvareda. 



Nuestras aletas son naves 

Nuestras alas son aeroplanos. 



¡Caminar! 

¡Volar! 

¡Cruzar! 

¡Rodar! 
haciendo inventario del mundo entero. 



Si esa cosa es útil, 

bien, 

sirve. 

Si es inútil, 
¡al diablo! 



Una cruz negra. 



¡Acabaremos contigo, 

mundo romántico! 

Basta de fe 

en el alma, 
¡electricidad, 
vapor! 
¡Basta de mendigos! 
¡Embolsad las riquezas de todos los mundos! 
¡Matad cuanto es viejo! 
¡De los cráneos haced ceniceros! 



Arrasadas 

las antiguallas, 

un mito nuevo 

se impondrá en el mundo. 



Romperemos con el pie 

la barrera del tiempo 

Miles de arcoíris 

colorearán el cielo. 



En un mundo nuevo se abrirán 

las rosas y los sueños ensuciados por las rimas. 

Todo estará hecho 

para el placer 
de los niños grandes que somos. 



Inventaremos 

rosas nuevas, 

rosas de capitales con pétalos de plazas. 

Vosotros, 
los marcados con el estigma del suplicio, 
ved al verdugo de hoy. 



Y sabréis 

que los hombres 

pueden ser cariñosos, 

con el amor 
que la estrella trepa por un rayo. 



Nuestra alma 

será 

confluencia de los Volga de amor. 



Todo el que las aguas traigan 

-tú o cualquier otro- 

será bañado por una mirada luminosa. 



Por las arterias más finas 

boaremos 

las naves feéricas de los hallazgos poéticos. 

Y tal como lo escribimos 
el mundo será 
el miércoles 
y ayer 
y hoy 
y mañana 
y siempre, 
por los siglos de los siglos. 
Por el verano secular, 
lucha, 
canta: 
"En la batalla final" 



¡Coreemos un himno común! 

¡Más de un millón! 

¡Multipliquémonos por cien! 

¡Vamos, por las calles! 
¡A los tejados! 
¡Tras los soles! 
¡En los mundos! 
¡Gimnastas de la palabra! 



Y Rusia 

ya no es un pordiosero 

no es un montón de escombros, 

no es ceniza de casas 
Rusia 
Rusia entera 
es un solo Iván 
sus brazos 
son 
el Neva 
y sus pies las estepas del Caspio. 






YO Y NAPOLEÓN 


Vivo en la Gran Presnaia 

n.º 36/24 

Un lugar muy tranquilo. 



Muy tranquilo. 



¿Entonces? 



¿Acaso es asunto mío 

que alguien 

en alguna parte 

de este tempestuoso mundo 
haya provocado una guerra? 



Ha caído la noche. 



Buena. Insidiosa. 



¿Por qué esas chicas 

se estremecen así, moviendo 

ojos tan inmensos como focos? 

La muchedumbre callejera 
humedece sus labios calientes 
en el agua del cielo, 
y la ciudad, agitando sus esposas enbanderadas, 
implora y vuelve a implorar a la cruz roja. 



Una iglesia despeinada se pega 

a la cabecera de la avenida 

-hatillo lleno de lágrimas- 

mientras que los parterres de la avenida 
pierden sangre, como un corazón desmenuzado 
por los dedos de las balas. 



La angustia aumenta, aumenta, 

devora la razón endurecida. 

Ya los invernaderos de Noev 

palidecen por un gas letal. 



¡Decid a Moscú 

que se retenga! 



¡Decidle 

que no tiemble! 



Un segundo más 

e iré al encuentro 

del rey de los cielos. 



¡Si quiero, os mato al sol! 



¡Mirad! 



Lava sus banderas en el cielo. 



¡Allí está! 



Gordo y pelirrojo. 



Hace sonar el pavimento 

con sus cascos rojos, 

avanza sobre el cadáver de los techos. 



¡A ti! 

que gritas: 

"Te destruiré, 

te destruiré"; 
a ti, que divides la noche en las cornisas sangrientas. 



Te lanzo un desafío, 

yo, 

un alma sin miedo. 



¡Avanzad, avanzad 

hombres estragados por el insomnio, 

hombres con la cabeza en llamas! 



¡Qué importa! 



He aquí nuestro último sol, 

el sol de Austerlitz. 



Y vosotros, los dementes de Rusia, de Polonia, 

avanzad también: hoy 

Napoleón soy yo. 



Soy el jefe de los ejércitos y aún más. 



Comparadnos -a él y a mí- 

Él sólo se codeó una vez con la peste 

y venció, por atrevido, la muerte; 

yo, cada día visito a los apestados 
en miles de Jaffa rusos. 



Por una sola vez que sin flaquear 

afrontó las balas, será honrado 

por los siglos de los siglos; 

pero yo, tan solo en julio he cruzado 
mil puentes de Arcole. 



Mi grito está tallado en el granito del tiempo. 

Mi grito retumbará y retumba 

porque 

dentro de un corazón devastado como Egipto 
hay millones de pirámides. 



Seguidme, hombres estragados por el insomnio 



¡Subid! 



Con la cabeza en llamas. 



Yo te saludo 

último sol de mi vida, 

sol de Austerlitz! 



¡Hombres! 



¡Ya es bastante! 



Echaos sobre el sol 

¡y adelante! 



Desteñidlo. 



En la catedral estrangulada de la garganta 

sube el estertor de una marcha fúnebre. 



¡Hombres! 



Cuando canonicéis los nombres 

de muertos 

más famosos que yo,- 

acordaos: 
entre los muchos que la guerra mató 
está el poeta de la Gran Presnaia. 


 


POEMA INCONCLUSO 



I 



¿Me quiere? ¿No me quiere? Retuerzo las manos 

y los dedos 

destrozados desperdigo. 



Así deshojan al adivinar y esparcen 

por mayo 

corolas de margaritas del camino. 



Aunque las canas descubran el peinado y la barba; 

aunque abundantes suenen en plata 

los años 

espero, confío; que jamás llegue 
a mí el vergonzoso buen juicio. 




II 



Son las dos 

estarás en la cama 

O tal vez 

tú también andes mal. 



No hay prisa, 

y con urgencias de telegrama 

no tengo 

porqué 
despertarte y molestar 




III 



El mar se aleja de mí. 

El mar se aleja a dormir. 



Como dicen, incidente zanjado, 

la barca querida varó en lo diario. 



Estamos en paz, 

y no viene a cuenta un listado 

de mutuos dolores, penas y agravios. 




IV 



Son las dos estarás en la cama. 



La Vía Láctea es un Osa de plata estelar. 



No hay prisa y con urgencias de telegrama 

no tengo porqué despertarte y molestar. 



Como dicen, incidente zanjado, 

la barca querida embarrancó en lo diario. 



Estamos en paz y no viene a cuenta un listado 

de mutuos dolores penas y agravios. 



Mira en el mundo qué paz; 

la noche orló de un tributo de estrellas el cielo. 

A estas mismas horas te levantas a hablar 

a los siglos, la historia y el universo. 




V 



Sé de la fuerza de las palabras, sé de las palabras el rebato. 

No son a las que aplauden los palcos. 



De palabras tales se desprenden los ataúdes 

y sus cuatro patitas de roble sacuden. 



A veces la suprimen, no se publica ni imprime, 

pero la palabra vuela con las cinchas ceñidas, 

tañe los siglos y llegan a rastras los trenes 

a lamer las manos encallecidas de la poesía. 



Sé de la fuerza de las palabras: parece de memos, 

pétalos caídos bajo los tacones de un baile. 



Pero el hombre con el alma los labios los huesos... 




A TODOS 




De mi muerte, no se culpe a nadie, y por favor, sin comentarios. 

Al difunto le molestaban enormemente. 



Mamá, hermanas, camaradas, perdonadme, -no es un método- 

(no se lo aconsejo a nadie), pero no tengo otra salida. 



Lila, ámame. 



Camarada Gobierno: mi familia se compone de Lila Brick, mamá, 

mis hermanas y Verónica Vitóldovna Polónskaia. 



Si les haces la vida soportable, gracias. 



Envíen los versos sin terminar a los Brick. Ellos sabrán descifrarlos. 



Como se dice, 

el "incidente" ha terminado, 

"la barca del amor, 

se estrelló contra la vida cotidiana": 



Estoy a mano con la vida, 

y es inútil recordar, 

dolores, 

desgracias, 
y ofensas recíprocas. 



Sigan felices. 


YO Y NAPOLEÓN 


Vivo en la Gran Presnaia 

n.º 36/24 

Un lugar muy tranquilo. 



Muy tranquilo. 



¿Entonces? 



¿Acaso es asunto mío 

que alguien 

en alguna parte 

de este tempestuoso mundo 
haya provocado una guerra? 



Ha caído la noche. 



Buena. Insidiosa. 



¿Por qué esas chicas 

se estremecen así, moviendo 

ojos tan inmensos como focos? 

La muchedumbre callejera 
humedece sus labios calientes 
en el agua del cielo, 
y la ciudad, agitando sus esposas enbanderadas, 
implora y vuelve a implorar a la cruz roja. 



Una iglesia despeinada se pega 

a la cabecera de la avenida 

-hatillo lleno de lágrimas- 

mientras que los parterres de la avenida 
pierden sangre, como un corazón desmenuzado 
por los dedos de las balas. 



La angustia aumenta, aumenta, 

devora la razón endurecida. 

Ya los invernaderos de Noev 

palidecen por un gas letal. 



¡Decid a Moscú 

que se retenga! 



¡Decidle 

que no tiemble! 



Un segundo más 

e iré al encuentro 

del rey de los cielos. 



¡Si quiero, os mato al sol! 



¡Mirad! 



Lava sus banderas en el cielo. 



¡Allí está! 



Gordo y pelirrojo. 



Hace sonar el pavimento 

con sus cascos rojos, 

avanza sobre el cadáver de los techos. 



¡A ti! 

que gritas: 

"Te destruiré, 

te destruiré"; 
a ti, que divides la noche en las cornisas sangrientas. 



Te lanzo un desafío, 

yo, 

un alma sin miedo. 



¡Avanzad, avanzad 

hombres estragados por el insomnio, 

hombres con la cabeza en llamas! 



¡Qué importa! 



He aquí nuestro último sol, 

el sol de Austerlitz. 



Y vosotros, los dementes de Rusia, de Polonia, 

avanzad también: hoy 

Napoleón soy yo. 



Soy el jefe de los ejércitos y aún más. 



Comparadnos -a él y a mí- 

Él sólo se codeó una vez con la peste 

y venció, por atrevido, la muerte; 

yo, cada día visito a los apestados 
en miles de Jaffa rusos. 



Por una sola vez que sin flaquear 

afrontó las balas, será honrado 

por los siglos de los siglos; 

pero yo, tan solo en julio he cruzado 
mil puentes de Arcole. 



Mi grito está tallado en el granito del tiempo. 

Mi grito retumbará y retumba 

porque 

dentro de un corazón devastado como Egipto 
hay millones de pirámides. 



Seguidme, hombres estragados por el insomnio 



¡Subid! 



Con la cabeza en llamas. 



Yo te saludo 

último sol de mi vida, 

sol de Austerlitz! 



¡Hombres! 



¡Ya es bastante! 



Echaos sobre el sol 

¡y adelante! 



Desteñidlo. 



En la catedral estrangulada de la garganta 

sube el estertor de una marcha fúnebre. 



¡Hombres! 



Cuando canonicéis los nombres 

de muertos 

más famosos que yo,- 

acordaos: 
entre los muchos que la guerra mató 
está el poeta de la Gran Presnaia. 





POEMA INCONCLUSO 


I 


¿Me quiere? ¿No me quiere? Retuerzo las manos 

y los dedos 

destrozados desperdigo. 



Así deshojan al adivinar y esparcen 

por mayo 

corolas de margaritas del camino. 



Aunque las canas descubran el peinado y la barba; 

aunque abundantes suenen en plata 

los años 

espero, confío; que jamás llegue 
a mí el vergonzoso buen juicio. 




II 



Son las dos 

estarás en la cama 

O tal vez 

tú también andes mal. 



No hay prisa, 

y con urgencias de telegrama 

no tengo 

porqué 
despertarte y molestar 




III 



El mar se aleja de mí. 

El mar se aleja a dormir. 



Como dicen, incidente zanjado, 

la barca querida varó en lo diario. 



Estamos en paz, 

y no viene a cuenta un listado 

de mutuos dolores, penas y agravios. 




IV 



Son las dos estarás en la cama. 



La Vía Láctea es un Osa de plata estelar. 



No hay prisa y con urgencias de telegrama 

no tengo porqué despertarte y molestar. 



Como dicen, incidente zanjado, 

la barca querida embarrancó en lo diario. 



Estamos en paz y no viene a cuenta un listado 

de mutuos dolores penas y agravios. 



Mira en el mundo qué paz; 

la noche orló de un tributo de estrellas el cielo. 

A estas mismas horas te levantas a hablar 

a los siglos, la historia y el universo. 




V 



Sé de la fuerza de las palabras, sé de las palabras el rebato. 

No son a las que aplauden los palcos. 



De palabras tales se desprenden los ataúdes 

y sus cuatro patitas de roble sacuden. 



A veces la suprimen, no se publica ni imprime, 

pero la palabra vuela con las cinchas ceñidas, 

tañe los siglos y llegan a rastras los trenes 

a lamer las manos encallecidas de la poesía. 



Sé de la fuerza de las palabras: parece de memos, 

pétalos caídos bajo los tacones de un baile. 



Pero el hombre con el alma los labios los huesos... 


 



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