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lunes, 4 de junio de 2012

PSICOANÁLISIS Y POLÍTICA MARIE LANGER HOMENAJE


Psicoanálisis y Política: vicisitudes del movimiento psicoanalítico argentino.

MARIE LANGER. HOMENAJE A CIEN AÑOS DE SU NACIMIENTO

Por Marie Langer - Publicado en Octubre 2010
Marie Langer nació en Viena en 1910. Esta psicoanalista, marxista y feminista fue una luchadora. Se formó como médica y psicoanalista en la Viena de las décadas del 20 y el 30. Luchó en la Guerra Civil Española y luego de una corta estancia en Montevideo se instaló en Buenos Aires hasta 1974, donde tuvo que exiliarse a raíz de las persecuciones de la Triple A. Se instaló en México y trabajó también en Nicaragua. Falleció en 1987. Para los que estén interesados en la vida y la obra de Marie Langer pueden leer “Encender la chispa de la esperanza. Recordando a Marie Langer” de Enrique Carpintero; y “Marie Langer, recuerdos y retratos de una psicoanalista argentina” de Juan Carlos Volnovich y Silvia Werthein:
Un homenaje puede tener muchos sentidos. En Buenos Aires, en Puerto Madero hay una calle que se llama “Marie Langer”. Pocos lo saben. Seguramente ella no estaría de acuerdo con su nombre esté en una zona de ricos y poderosos. Por eso, brindamos a los lectores la siguiente conferencia con algunas de sus posiciones. Rescatar su producción es el mejor de los homenajes. Permite apropiarnos de su herencia y avanzar en nuestro propio camino.
 Psicoanálisis y Política: vicisitudes del movimiento psicoanalítico argentino.

 

Presentación de la Dra Marie Langer1 en el Ciclo de Conferencias sobre Locura y Sociedad. México, Julio, 1974


No hay un intelectual comunista. Pero no es posible un intelectual no comunista.
A cada uno corresponde salir de esa contradicción por sus propios medios”.
A. Bretón, 1953
Aunque el título de esta conferencia se refiera al movimiento psicoanalítico argentino en su conjunto, hablaré en primer término de la APA (Asoc. Psicoanalítica Argentina), es decir, del psicoanálisis institucionalizado. Me interesa especialmente dilucidar como la institucionalización del psicoanálisis transforma y distorsiona la praxis de esta ciencia y limita su desarrollo científico.
Me referiré en primer lugar, a la APA, porque le corresponde históricamente el mérito de haber difundido el psicoanálisis en la Argentina y en América Latina. La APA se caracterizó por su apoliticidad que sostuvo como ‘neutralidad’, vale decir, como una ideología ‘conservadora’ lo que luego se volcaba en toda la zona de influencia que abarcaba, a través de sus análisis y los terapeutas que formaban fuera de la institución.
Se ha dicho muchas veces que Freud y el psicoanálisis fueron revolucionarios, y sin duda alguna, modificaron profundamente nuestro conocimiento del hombre. Pero el hecho de que los psicoanalistas al institucionalizarse se hayan transformado en pilares de la superestructura del sistema, en aparatos ideológicos del estado, como los define Althusser, merece una investigación más detenida.
Intentaré aportar a esta empresa. Pero como me es difícil hablar de las vicisitudes de la APA sin caer en lo anecdótico y excesivamente personal, ya que es historia reciente de la cual entre muchos yo fui protagonista, enfocaré mi exposición desde otro punto de vista.
Freud, en su búsqueda del saber olvidado de sus pacientes, descubre la represión, la define como una instancia que impide que lo rechazado, lo criticable, lo moralmente inaceptable llegue a nuestra conciencia. Pero estos deseos reprimidos ejercen desde el inconsciente su poder de múltiples formas. Freud las describió como pulsiones instintivas en búsqueda de gratificación de tipo oral, anal y genital. Las que se reprimirían son las reñidas con nuestra ética.
Pero ¿cual es la ética de nuestra civilización occidental y cristiana? Existe actualmente una contradicción obvia entre la ética que introyectamos desde nuestra infancia y la realidad del mundo en que vivimos. Freud estudió profundamente esta contradicción en el terreno de la sexualidad. No se ocupó de lo económico social.
Mientras que en el Medioevo, la pobreza era aceptada como ‘natural’ y se compensaba en la otra vida (los pobres llegarán a la felicidad del paraíso y los ricos tenían muy pocas posibilidades de entrar al paraíso, tantas como el camello de pasar por el ojo de una aguja). En nuestra época, esta metáfora es insuficiente. Desde pequeños, vivimos en un estado de anomia. Porque mientras nos enseñaban en religión y en moral que todos los hombres son iguales, con los mismos derechos y posibilidades, independientemente de la raza, clase y credo, de hecho no lo éramos. ¿Observaron la expresión de extrañeza y perplejidad que tienen nuestros hijos bien cuidados, cuando por primera vez tropiezan con el problema del hambre y la miseria? Y cuando nos preguntan: “¿por qué existen niños pobres?” Solemos contestarles con la misma hipocresía, con la que nuestros padres nos contaron el cuento de la cigüeña, cuando preguntamos por el sexo.
¿Qué consecuencia nos trae esta contradicción ética, la mentira y la represión consecutiva? Para aclarar este conflicto, expondré el resumen de un artículo sumamente importante y ¿por eso? olvidado. Su autor, Fritz Stenberg, pertenece a ese pequeño grupo de freudomarxistas –ese nombre que ya no es adecuado – de los años treinta.
Mientras que Freud descubrió la represión de los impulsos inaceptables y éticamente ‘no correctos¡ a través de lo expresado por sus pacientes individuales, luego extendió este concepto a toda la sociedad. Stenberg tomó el camino opuesto. Analizando las diferentes formas de producción y explotación, denunció la represión, a nivel de la clase dominante, denunció la explotación capitalista. Este hecho es reprimido, porque reconocerlo es ‘políticamente incorrecto’ y se ha vuelto éticamente inaceptable. Además, es un saber peligroso, porque en la medida que se difunda, incita aún más a la lucha de clases. ‘Saber’ de la explotación significa, ponerla en duda y no aceptar al sistema capitalista como ‘natural’, y por eso, incambiable.
No siempre fue así. Stenberg destaca una diferencia decisiva entre todas las formas de producción anteriores y la del capitalismo. Obviamente el capitalismo no inventó la explotación del hombre por el hombre. Pero adoptó una forma nueva. A cada forma de producción corresponde, como superestructura, su propia moral. En la antigüedad, la esclavitud respondía a una explotación abierta, totalmente admitida e incluida en el sistema. Por eso, los griegos fervorosos paladines de la democracia, no consideraban siquiera que ésta no podía ser considerada tal, ya que no incluía a los esclavos. Una sociedad sin clases era inimaginable. En el Medioevo la explotación de los siervos era abierta. Se podía distinguir en tiempo y espacio la explotación del campesino, del trabajo que debía realizar para que su familia subsistiese. Cuatro días por semana trabajaba para el señor feudal en su tierra y tres días en su pedazo de tierra para producir lo necesario para su mantenimiento y reproducción. La explotación era consciente. El señor sabía que explotaba, el campesino sabía que era explotado. Nadie negaba esta situación. Para qué negarla, si de todos modos, no se podía cambiar, ya que tanto el esclavo como el campesino carecían de conciencia de clase. Las condiciones para ésta lucha no estaban dadas.
La situación cambió con el advenimiento del capitalismo. La explotación del obrero industrial ya no es visible y separable en tiempo y espacio. El trabajo dedicado a su manutención y su producción no difiere del dedicado a la plusvalía. Si la plusvalía no fuera negable, los economistas burgueses forzosamente la hubiesen descubierto. Pero, ¿por qué la negaron? Stenberg equiparó ‘negación’ con ‘represión’, (2) porque es un conocimiento peligroso en relación a los explotados, que gracias a la forma de producción capitalista adquirieron conciencia de clase y asumieron conscientemente la lucha por una sociedad sin clases. Frente a la exigencia de la clase obrera de eliminar la explotación y la plusvalía, la respuesta de la clase dominante fue la negación de la explotación. Afirmaban que era un invento demagógico de los socialistas. Pero para que esta negación fuera eficaz, para que los capitalistas pudieran, con ‘buena conciencia’ luchar de día eficazmente contra la clase obrera y dormir tranquilos de noche, la negación debía convertirse en represión con todo lo que esto implicaba como efecto. Desaparecieron otras palabras del diccionario de las teorías económicas burguesas y en general, el pensamiento y la filosofía de la clase dominante sufrió las distorsiones provenientes de esta represión. Lo que Stenberg demostró con su trabajo respecto a Nietzsche y Schoppenhauer, intentaré aplicarlo al psicoanálisis institucionalizado.
El ser humano reprimió siempre, en todas las épocas. Pero únicamente en el capitalismo se impuso tal hipertrofia de la represión. Se dieron las condiciones objetivas para que Freud las descubriera y estudiara a fondo a nivel individual e instintivo. Pero como el mismo estaba sumergido en el pensamiento y la ideología de su clase, limitó su estudio a lo sexual y al drama de la familia de su sociedad y clase, aceptando a esta familia como ‘natural’ e inmutable. (M.Langer señala que hasta aquí llega Stenberg).
Freud, casi contemporáneo de Marx, y actuando en una sociedad y en un grupo social en el que la discusión del marxismo pertenecía a lo cotidiano, nunca dedicó más que unas cuantas frases polémicas. Pero esta negación también tuvo sus consecuencias e impuso, además determinado sello a las instituciones psicoanalíticas.
Werner Kemper, hombre de unos 70 años, (en 1974), analista didáctico, primero en Berlín, luego en Río de Janeiro y después de nuevo en Berlín, le envió , un apartado autobiográfico (3). En este escrito, describía el clima reinante en la sociedad psicoanalítica berlinesa, al principio de la época nacional-socialista: “Hasta bien entrados los años treinta, estábamos tan absorbidos por el psicoanálisis que, inclusive los colegas judíos casi no percibían las señales de alarma de fuera, pertenecientes al gran acontecer mundial. Finalmente, sin preparación interna y/o externa, fuimos arrollados por los acontecimientos”. Para Kemper, a posteriori, esta ceguera del grupo fue inexplicable y se preguntó por las causas. “¿Fue falta de educación cívica y de comprensión? ¿Fue ingenuidad? ¿Escotomización? De todos modos, era una defensa inconsciente para no prever una evolución probable que si la hubiéramos detectado habría destruido todos nuestros deseos y esperanzas profesionales y personales.”
Esta defensa inconsciente, esta incapacidad de evaluar adecuadamente una realidad externa, política y social provino de la represión descrita por Sternberg.
En un trabajo que presenté en el Congreso Internacional de Viena, me referí a un aislamiento parecido de la sociedad psicoanalítica vienesa (4) y de la APA (Argentina), sociedad madre de casi todas las organizaciones psicoanalíticas latinoamericanas. APA, la sociedad más numerosa de habla hispana, a la que pertenecí durante 29 largos años, no fue distinta. Su historia oficial está registrada en “El libro de los Chismes”, lo llamaban así en Buenos Aires. En ese libro se describe nuestro origen en Buenos Aires, 1943. Éramos un grupo selecto de gente culta e inquieta de clase media acomodada; los que la fundamos. Nos sacrificamos, trabajamos y estudiamos duramente, para difundir y enseñar el psicoanálisis. Éramos progresistas. Ofrecíamos sabiduría, salud física y mental en Bs.As. y en las Américas. Entiéndanme bien, hablo con ironía, pero no reniego de esa época. Reconozco la importancia del psicoanálisis, pero no expondré la versión oficial de la APA, porque supongo que ustedes me piden la historia latente detrás de la manifiesta. Para esto, tenemos que volver a Stenberg.
Nosotros nos proponíamos salvar el mundo a través del psicoanálisis. Y no sabíamos, algunos lo escotomizaron conscientemente, otros lo tenían reprimido, que como miembros de la clase dominante salvábamos únicamente a nuestros analizados, que pertenecían a la misma clase y participaban como nosotros, de la explotación. Nos sentíamos una élite intelectual, pero no tuvimos conciencia de que nuestra asociación junto con la ciencia que ofrecía estaba determinada a mantener el valor económico del título de psicoanalista y del psicoanálisis mismo a costa de otros competidores que excluíamos de los beneficios.
“Únicamente es psicoanalista quien pertenece a una sociedad psicoanalítica, miembro de la IPA”. Encontramos esta frase, con variaciones, en los reglamentos de todas las sociedades psicoanalíticas ‘oficiales’. Creo que es la única vez que una ciencia es definida a través de una pertenencia a una institución. Esta norma es la base del prestigio científico y el poder económico que ofrecía y manejaba la institución. Estábamos en eso, sin tomar conciencia que, de un grupo de gente con buenas intenciones, nos habíamos transformado en sostenedores del aparato ideológico del estado.
No nos acuso. No tuvimos conciencia que por un acto de voluntarismo, habíamos sucumbido a la represión, descrita por Stenberg. Pero ¿es correcta la aplicación del término represión cuando hablamos de la explotación capitalista? Según Freud la represión es la respuesta a impulsos libidinosos moralmente no admisibles. Nunca nos preguntamos, aunque aplicábamos el psicoanálisis a tantos enigmas, que podían significar a nivel inconsciente. Creo que significa robo, robo en todas las etapas del desarrollo psicosexual. Significa robar el pecho y la leche y lo que ahora es latente, era manifiesto y admitido en la época en la que se pagaba un ama de leche, la que alimentaba y daba cariño maternal y calor al niño rico a costa de su propio hijo abandonado. Si el dinero se equipara en el inconsciente con los excrementos sobrevalorados, apropiarse es robar y vaciar a nivel anal. Ya que en esta sociedad de consumo, las mujeres de nuestra clase social compran belleza y se convierten a su vez en objetos a consumir. La acumulación de plusvalía se convertía en robo de potencia y en dominio a nivel fálico. Además robamos Eros, para usar el término más general, y robamos años de vida y de proyecto vital. Si miran en la calle, con ojos dispuestos a ver, observarán la diferencia en fuerza y juventud de un hombre o una mujer de 40 años de nuestra clase social, que están en la plenitud de su vida, con un hombre o una mujer de otro nivel social de la misma edad.
Pero aunque esta diferencia salte a la vista, no ha sido objeto de estudios psicológicos. Sin embargo, últimamente los compañeros que se desempeñan en el Instituto de Medicina de Trabajo investigan la relación entre diferentes capas sociales, años de vida y proyectos vitales. Llegaron a la conclusión de que el hombre y la mujer de clase media de 30-35 años sienten que “tienen la vida por delante”, el obrero y la obrera de la misma edad pero gastados por la vida malsana y agotadora, por su lugar en el proceso de producción, cuando se les pregunta por el futuro, lo delegan a los hijos. Sostienen que “una cosa es que uno esté reventado, pero los hijos tendrían que ser profesionales y liberarse de las fábricas”.
Actualmente, a nosotros, padres analistas o analizados, ya no nos es difícil aclarar a nuestros hijos pequeños, como se hacen los niños, pero nos cuesta hablarles de la muerte, por nuestra propia impotencia frente a ella. Y no sabemos cómo explicarles la miseria, el hambre, por la culpa que nos da, ser cómplices del sistema. Cuando, obligados por la circunstancias, tenemos que enfrentar las preguntas de nuestros hijos, el niño responde con susto e incredulidad, a la noción reprimida de robo permanente, del cual participamos como clase, es causa de mala conciencia que, poco a poco se transforma en mala fe y en malestar de la cultura. Esta causa del malestar es omitida por Freud en su investigación. (5)
Este malestar y las consecuencias de la represión para los procesos de pensamiento y conocimiento son generales. Pero se manifiestan en mayor grado en los núcleos psicoanalíticos por dos razones: a) nuestra vocación de curar y reparar entra en una contradicción muy grande con nuestra complicidad con el sistema y b) nosotros, dedicados constantemente a levantar represiones, no levantábamos esta represión, ni hacíamos por que las personas tuviesen más conciencia de situación. Pagamos más caro que otros por nuestra mala fe social.
Repito, éramos un grupo selecto, culto, inquieto, de buena voluntad. Trabajamos mucho y ganábamos muy bien. Tratábamos a gente como nosotros. Les enseñábamos a través de las interpretaciones, a resolver con suma rapidez sus problemas económicos, y más lentamente por cierto, sus dificultades sexuales. Pero igualmente reprimida en el fondo, sufríamos de mala conciencia. Frente a ésta, como frente a cualquier represión, se ponen en marcha, diferentes mecanismos de defensa y surgen transacciones y alianzas corruptas. La lectura ideológica de los diferentes temas de investigación de la APA, nos permite ubicar los mecanismos que definieron las consignas de los grupos en lucha.
La negación maníaca lideraba a una parte importante de APA que tenía como lema y meta de salud mental para sus pacientes: ganar mucho dinero, adquirir un status elevado y disfrutar de plena libertad sexual. Su tema de investigación era la vida fetal que supuestamente, ya decidía en gran medida el futuro de la persona. Ahí no cabía el concepto de lucha de clases porque desde antes de nacer estaba definido el futuro de cada quien. Desde hace algunos años este grupo cambió de objetivos de investigación. Se dedica ahora a analizar y combatir el filicidio. Son las tendencias filicidas de los gobernantes y generales los responsables de las guerras. La madre que no se dedica cinco o seis años de vida totalmente a la crianza de cada hijo sería una madre filicida. Pensar y divulgar esto es defender con argumentos nuevos el más viejo pilar de la sociedad de clase, es defender la familia patriarcal.
Había otros grupos que sí sabían de la lucha de clases, pero que intentaban alejarla del campo profesional. Sin embargo, en sus temas de investigación surgía lo apartado. Fue el caso de Enrique Pichon Rivière quien se dedicó primero a la psiquiatría social, insistiendo en la importancia y el interjuego entre las áreas uno, dos y tres, mente, cuerpo y sociedad. Para luego ocuparse de la psicología social. En esta búsqueda, mientras construyó la psicología social se fue paulatinamente de la APA, sin haber oficializado nunca su despedida.
Estaba mi grupo. Yo también sabía marxismo. No reprimí mi conocimiento de la plusvalía. Lo splité y me adherí a Melanie Klein. Unas pocas palabras respecto a M.Klein. No me cabe duda, que ella enriqueció mucho nuestra comprensión psicoanalítica. Le debemos, por ej., la profundización del concepto de fantasía inconsciente y de la castración femenina. De este modo, le devolvió a la mujer la identidad que Freud le había quitado. Hay dos conceptos kleinianos que quisiera discutir ahora.
A) su enfoque de Tánatos y los primeros meses de vida. Siguiéndola estrictamente, desembocamos, sin advertirlo siquiera, en la idea del pecado original: el hombre sería malo de por sí desde el nacimiento y tiene que redimirse (curarse, en nuestra terminología) a través de una reparación constante. Pero pudimos elaborar con M.Klein de un modo opuesto a la fracción filicida, nuestra mala conciencia social.
B) El otro concepto kleiniano, que engloba todas nuestras intervenciones en el campo transferencial llevó a Heinrich Racker a elaborar sus ideas sobre la importancia fundamental e instrumental de la contratransferencia. Tomado ideológicamente diría que Racker logró así establecer una relación más simétrica y menos idealizada entre analista y analizado.
Este enfoque retomado y llevado al extremo por un grupo fetalista se volvió idealista al servicio de la exclusión y negación total de la realidad externa, es decir, del contexto social de los pacientes.
Mi adhesión a M. Klein fue, también a otro nivel, una transacción entre lo psicoanalítico y lo político-ideológico. Su concepción de la femineidad me ofreció una clave para entender los trastornos procreativos (problemas de la menstruación, de la esterilidad, del aborto espontáneo, etc.) así como a reivindicar a la mujer. Siempre supe que la liberación de la mujer se da solamente en una sociedad liberada. Pero la línea de mi trabajo, atacaba, por lo menos, sin que tuviera mucha conciencia, el concepto más ideológico de Freud, su idea de una familia patriarcal ahistórica e inamovible.
Un grupo numeroso, estimulado por E. Rodrigué, Resnik y Usandivaras, encontramos a través de la psicoterapia de grupo de corte analítico, otro intento de apertura a lo social. Era una transacción. Poníamos el análisis a disposición de todos. Aunque ahora compruebo, en el trabajo hospitalario diario, que lo que hacíamos de este modo no servía para todos, en ese momento y en esa sociedad. Llevábamos con nosotros del análisis individual al grupo, nuestros preconceptos y prejuicios sobre el hombre y su salud mental. El hecho de que nuestro libro sobre el tema (6) haya alcanzado varias ediciones, tanto en español como en alemán, es una muestra de como nuestra apertura fue absorbida por el sistema.
De hecho, La Asociación de Psicología y Psicoterapia de Grupo surgió de un enfrentamiento con la APA. Era ésta la época en que las tensiones habían llegado a su peor momento, delante de una generación joven que presenciaba perpleja y confundida las peleas entre los ‘padres’ y percibía vagamente sus pactos secretos y corruptos.
En 1959, Garma propuso un simposium sobre las relaciones ente los psicoanalistas. El simposium fue útil para comprender lo específico de nuestras sociedades psicoanalíticas. (7) Nuestras asociaciones se estructuraban a través de grupos piramidales y liderados por cada analista didacta - maestro. La cohesión de estos grupos está dada por el uso y a menudo el abuso de la transferencia y contratransferencia que se establece en la situación forzosamente regresiva de los análisis didácticos interminables. Las consignas de cada grupo provenían del conflicto del líder, rápidamente compartido por todos, entre su vocación mesiánica y su idea de salud mental. Tanto él como sus adeptos deben ser modelos de felicidad. Ya que esto no se lograba, se proyectaba la culpa y el grupo opositor era acusado de todos los fracasos. Entiendo recién ahora que estas características nos hacían especialmente sensibles frente al sentimiento de culpa social reprimido y volvíamos a nuestras sociedades, integradas por gente largamente analizada, que deberían haber sido un modelo de amor y colaboración, pero nos transformamos en un modelo de discordia.
1961 marca el principio de otro enfrentamiento de los distintos grupos movidos por la culpa social. La batalla por el Centro Racker. Llegamos a una solución no viable, ya que una parte mantuvo que, siguiendo los criterios de la mayoría de los institutos europeos y norteamericanos, debería haber tratamientos analíticos gratuitos, mientras que la otra parte siguiendo los criterios de la mayoría de las sociedades latinoamericanas y algunas norteamericanas pensaban lo opuesto, que no debería haberlos. Se llegó a la transacción absurda del análisis gratuito de un año de duración, ofrecido a personas de condición modesta. La lucha por la subsistencia del Centro dedicado a la asistencia gratuita, se extendió hasta nuestro éxodo. El peso mayor de la amargura recayó en José Bleger. El fue el Director del Centro cuando, por mayoría de votos, se dio por terminada esta actividad. La obligatoriedad para los candidatos, de atender durante un año gratuitamente, recibiendo a su vez una supervisión gratuita fue combatida apasionadamente por muchos bajo el lema “trabajar sin compensación económica es masoquismo”, por muchos que después se fueron de la APA al campo político. Luego atendían sin remuneración y sin obligación en diferentes servicios hospitalarios. En ese entonces, la oposición de este grupo se indignó. Hoy pienso que tenían razón, no en lo manifiesto, sino en lo latente. Los parches no sirven, por lo menos en situaciones institucionales de este tipo.
Describí los grandes enfrentamientos en la APA, pero hubo muchas más vicisitudes. Casi toda la plana mayor de la APA estuvo unida contra el grupo que introdujo el ácido lisérgico en nuestro encuadre. Creo que nos unimos porque en este caso, la huída de la realidad exterior se había hecho demasiado evidente y escandalosa.
Unos años después nos fuimos de la APA, muchos estudiantes del instituto, muchos adherentes y cinco didactas. Las vicisitudes de esta situación, desencadenada por un despertar político general en la Argentina que incidió en el proceso de concientización de cada uno, las describí en el prólogo de “Cuestionemos” (8). Creo que para este análisis no es importante destacar lo anecdótico, como el epistolario entre el presidente de la APA y el de la Federación Argentina de Psiquiatras o que el grupo Plataforma haya salido una semana antes que el grupo Documento, sino analizar qué nos pasaba, por que nosotros, que pertenecimos muchos años a la APA, abandonábamos la Institución.
¿Cómo era esta APA? ¿Cómo eran nuestras instituciones? Mientras que los primeros analistas vinieron a Freud, fascinados por su gran descubrimiento y dispuestos a enfrentar la indignación y la resistencia que le oponía la sociedad, cuando el psicoanálisis no rendía ni a nivel económico, ni a nivel del prestigio, sino que era una aventura intelectual. Nosotros , los epigones, institucionalizados desde hacía años, atrajimos a los jóvenes por ser un modelo de salud mental y también de status.
Nos consideraban envidiables. Armando Bauleo (9) nos describió como “fuente de identificación” ya que “dabamos permanentemente” la imagen de libertad. Èramos libres en los honorarios, en los horarios, en la producción intelectual; para nosotros aparentemente no existía ningún tipo de represión, nuestros comportamientos a lo sumo, eran ajustados a la realidad… En las instituciones analíticas ‘no se rivalizaba’, ‘ni se competía’… El mundo ideal se fue instalando, provocando hasta la envidia, la ambición desesperada de quienes no podían desarrollarse en esta sociedad.
Subrayé antes el grado de malestar que, en contraste con la imagen que dábamos, reinaba en el pequeño campo de las sociedades psicoanalíticas justo cuando ya se habían impuesto y no tenían que luchar más contra un ambiente hostil. Creo que todo analista, de pertenencia larga a una asociación, estaría de acuerdo conmigo sobre este punto. En esta presentación analizaré las causas de este malestar que el candidato a analista desde ya desconocía. Su expectativa era bien distinta, esperaba que al transformarse en analista, en una persona dedicada a curarse y a curar a los demás, se liberaría del malestar que teñía a nuestra sociedad. Recién poco a poco percibía que, al entrar en la carrera y en la institución, en lugar de salvarse de los conflictos, los agravó.
Freud nos brindó el psicoanálisis para poder curar ciertos cuadros neuróticos, para comprender mejor nuestras motivaciones secretas y para seguir investigando en la línea que el nos había trazado. Nosotros, idealizándonos e idealizando el método, para reforzar así la represión de nuestro saber social, esperábamos transformaciones y armonías totales, y pensábamos que con un análisis bastante prolongado y profundo nos íbamos a convertir en superhombres y supermujeres. Hasta se pensó, en salvar al mundo. Recuerdan los mayores, entre ustedes, cuántas veces se oía durante la guerra fría que si Roosevelt o Eisenhower y Stalin se analizaran, el destino del mundo estaba resuelto? Y trasmitimos esta esperanza, hecha promesa, a nuestros seguidores. Ocurría eso, aunque Freud nos haya prevenido contra estas ilusiones (10) y aunque sabíamos a priori que las personas que se deciden a dedicarse al psicoanálisis, son más conflictivas (y necesitados de reparar) que el hombre común. Cuando nos dimos cuenta de nuestras limitaciones, ya era tarde. Y para mantener la imagen pública y publicitada, callábamos hacia afuera nuestras críticas, desilusiones y nuestro saber sobre las debilidades de los mandarines del psicoanálisis, los analistas didácticos. Protegíamos nuestra imagen, en alianzas corruptas con una jerarquía férrea.
Freud nos trazó cierta línea para nuestras investigaciones. Pero que éstas no desembocaran en el descubrimiento de la represión de nuestro sentimiento de culpa, por el robo de la plusvalía- apropiación en la que se basa, nuestra sociedad capitalista- tiene su lógica. Freud estaba demasiado absorbido por su obra, demasiado necesitado de tranquilidad social, demasiado ligado a sus analizados que eran de su clase o de clase alta (a veces pienso, si Freud no reclamó también a la Unión Soviética tan rotundamente, porque muchos de sus primeros pacientes pertenecían a la aristocracia rusa), como cuestionarse el sistema en el que vivía. Pero que nosotros, tantos años después de Freud no hayamos entrado seriamente, y no extrapolando, en el campo social, se explica por nuestra institucionalización profesional. Un pensador tan sabio y viejo como Bion (11) predijo que los próximos descubrimientos psicoanalíticos provendrán de fuera de las sociedades, ya que esta idea de ‘continente protector’ de un pensamiento, se transforma muchas veces, en su traba.
Cuando nos fuimos de APA, no tuvimos conciencia de todo este proceso que estoy descubriendo. Sabíamos únicamente que queríamos luchar como analistas y con nuestra herramienta por un cambio social, que la situación argentina favorecía esta lucha y que APA, (ver el prólogo de Cuestionemos), se había convertido en freno para nosotros. Recién fuera de la APA y con el tiempo, nos dimos cuenta que recuperábamos la facultad de pensar, cuestionar y una libertad que, poco a poco , sin darnos cuenta, perdimos.
Nos metimos de lleno en todos los campos disponibles. Levantamos nuestros gremios: la Federación Argentina de Psiquiatras, la Asociación de Psicólogos y la Asociación de Psicopedagogos, politizamos sus luchas y superando las discriminaciones y los viejos prejuicios absurdos entre psiquiatras, psicólogos y psicopedagogos. Creamos la Coordinadora y el Centro de Docencia e Investigación (CDI) donde a todos los agremiados, por un costo mínimo, se ofrecía formación psicoanalítica, encarada, hasta donde pudimos, desde un ángulo nuevo, y marxista.
Durante la dictadura luchamos juntos con el Forum por los Derechos del Hombre, con COFAPEG (12) y con la Gremial de Abogados contra la Tortura, la Arbitrariedad y la libertad de los presos. Nos adherimos a la lucha obrera. Participamos de sus manifestaciones. Por su parte fue el gremio de los obreros gráficos que generosamente hospedó al CDI en sus principios. Según su pertenencia partidaria e ideología, cada uno participaba desde los diferentes partidos marxistas o desde el ala izquierda del peronismo en la lucha por el fin de la dictadura, por elecciones libres y por un gobierno popular y antiimperialista.
En mayo de 1973, Cámpora, elegido por gran mayoría, asumió el poder. Estuvimos en Plaza de Mayo, en Devoto, (13), cuando se logró liberar a los presos políticos, gracias a la presencia y a la presión del pueblo. Cambió la Universidad. Bajo la dirección de funcionarios pertenecientes a la Juventud peronista fue transformada de una institución rígida y elitista en casa de enseñanza del y para el pueblo. Se crearon nuevas cátedras e institutos. (Medicina del Trabajo). Peronistas y no peronistas ofrecíamos nuestra plena colaboración. Enseñábamos, organizábamos jornadas y congresos con criterio nuevo y asistencia masiva, trabajábamos en los gremios, investigábamos, escribíamos y estudiábamos.

A modo de epílogo

No nos duró nuestra primavera. Cuando en julio de 1974, viajé a México, para participar con este trabajo en un Ciclo de Conferencias sobre Locura y Sociedad, la derecha peronista ya se estaba imponiendo en la Argentina. Había sido votado la modificación de la Ley de Asociaciones Profesionales, que impedía o castigaba cualquier huelga y perpetuaba los dirigentes amarillos en los puestos gremiales; después sobrevino la nueva legislación represiva que prohibía cualquier publicación que ‘perturbara la paz social’. Cuando volví a Bs. As. , la Triple A (organización paramilitar que gozó de total impunidad) ya había iniciado su trabajo siniestro. Al poco tiempo sucumbió la Universidad. Se cerraron los departamentos de psicología, sociología y ciencias de la educación. Nos expulsaron de la Cátedra de Psicología Médica. Se prohibió la enseñanza de las obras de Marx, Freud, Piaget y Wallon, entre otros. Un vocero de las nuevas autoridades universitarias conminó a ‘quienes se dedicaban a envenenar al estudiantado argentino con el psicoanálisis, el marxismo y el sionismo (qué tenía que ver?). Pero siempre queda bien para un fascista aludir a los judíos, es decir a esta práctica disolvente, liberal y marxista’ a abandonar el país, para radicarse en Paris o Moscú. Fueron allanados el local del CDI, pusieron dos bombas en la Asociación de Psicólogos, allanaron una clínica de psicoterapia infantil, llevándose la policía inclusive a todas las madres y a sus niños. Estos fueron liberados, pero los terapeutas quedaron a disposición del poder ejecutivo, lo que equivalía a detención por tiempo indeterminado.
Yo me vine a México en el momento de mayor actividad de la triple AAA. Ellos amenazaban de muerte a representantes de la opinión pública, intimidándoles a abandonar el país o a matarlos directamente, ya sin aviso previo y sin adjudicarse públicamente el hecho, mataban entre dos o tres personas diarias.
Junto al pueblo argentino perdimos lo conquistado. Pero también junto con muchos compañeros aumentamos nuestra conciencia. Y la lucha sigue en nuestro país. Siempre supimos, que la revolución no pasa por los psiquiatras, por los psicoanalistas. Pero es importante que nosotros, los analistas no institucionalizados, conscientes de nuestras contradicciones y de nuestra responsabilidad en esta sociedad de clases, sigamos, donde estamos, trabajando para colaborar en la lucha y demos nuestros aportes en la creación del hombre nuevo.

Bibliografía

1. Stenberg, Fritz: “Marxismo y represión” en “Marxismo, Psicoanálisis y Sexpol”, Granica Editor, 1972, Bs.As.
2. Freud al distinguir entre la represión y la negación, define a ésta última de este modo: “Negar algo en nuestro juicio equivale, en el fondo, a decir, esto es algo que me gustaría reprimir”. Freud, S.:”la negación”. Obras completas, tomo III, Biblioteca Nueva, Madrid, 1948.
3. Kemper, Werner: “Psychotherapie in Selbstdarstellungen”, Huberhern, Stuttgart. Wien, 1973.
4. Langer, Marie: “Psicoanálisis y/o Revolución” en “Cuestionemos”, Granica Editor, 1971, Bs.As.
5. Aberastury, Arminda, Cesio, Fidias, Aberastury, Marcelo: “Historia, Enseñanza y Ejercicio Legal del Psicoanálisis”. Bibliografía Omeba, Bs.As. 1987.
6. Freud, S.: “El malestar en la cultura”. Obras Completas. Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1948.
7. Grinberg,León, Langer, Marie, y Rodrigué: “Psicoterapia de Grupo, su enfoque psicoanalítico”. Ed. Paidos, 1967.
8. Langer,Marie: “Ideologia e idealización” en la Rev. de Psicoanálisis, 1959, Tomo XVI, No.4.
9. Langer, Marie et al: “Cuestionemos”. Ed. Granica, Bs.As. 1971
10. Bauleo, Armando: “Psicoanálisis y Psicohigiene”. En “Los síntomas de la salud, Psiquiatría Social y Psicohigiene”. Ed. Cuarto Mundo, Bs.As. 1974.
11. Freud, S.:”Análisis terminable e interminable”. Obras Completas. Tomo III, Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1948.
12. Bion,: Conferencia en la Asociación Psiconalítica Argentina, 1972.

13. Comisión de Familiares de presos políticos, estudiantiles y gremiales.
14. Devoto, centro de detención muy importante en Bs.As.

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