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domingo, 11 de febrero de 2018

Paul Éluard

SELECCIÓN POEMAS


Para vivir aquí

Hice un fuego, lo azul me había abandonado,
Un fuego para ser su amigo,
Un fuego para entrar en la noche invernal,
Para vivir mejor.

Y le di todo aquello que el día me hubo dado:
Los bosques, los zarzales, los trigales, las viñas,
Los nidos y sus pájaros, las casas y sus llaves,
Los insectos, las flores, los armiños, las fiestas.

Viví con el rumor de las llamas crujientes.
Con el perfume de su ardor;
Yo como un barco iba por el agua prohibida,
Como un muerto no tuve más que un sólo elemento.

(Pour vivre ici, 1918.)

La de siempre

Si les digo que todo lo he dejado
Es porque ella ya no es la de mi cuerpo,
Nunca de eso me he jactado
No es verdad
Y la bruma del fondo en que me muevo
No sabe nunca si he pasado.
Del abanico de su boca, del brillo de sus ojos
Sólo yo puedo hablar,
Sólo yo el circundado
Por ese espejo nulo donde el aire circula a mi través
Y el aire tiene un rostro, un rostro enamorado,
Un rostro amado, el tuyo,
A ti sin nombre y por los otros ignorada
El mar te dice: sobre mí, y el cielo: sobre mí,
Los astros te adivinan, las nubes te imaginan
Y la sangre esparcida en los mejores tiempos,
La sangre de la generosidad,
Te lleva con delicia.
Yo canto la alegría de cantarte,

Y la alegría de tenerte o no tenerte,
El candor de esperarte, la ingenuidad de conocerte,
Oh tú que borras el olvido, la espera y la ignorancia,
Que suprimes la ausencia y me entregas al mundo,
Canto para cantar, te amo para cantar
El misterio en que amor me crea y se libera.

Eres pura, más pura todavía que yo.

(Capitale de la Douleur, 1926.)

Libertad

En mi cuaderno de escolar
En mi pupitre y los árboles
En la arena y en la nieve
Escribo tu nombre

En las páginas leídas
En las páginas en blanco
Sangre papel o ceniza
Escribo tu nombre

En las estampas doradas
En las armas del guerrero
En la corona del rey
Escribo tu nombre

En la selva en el desierto
En el nido en las retamas
En el eco de mi infancia
Escribo tu nombre

En el fulgor de las noches
En el buen pan cotidiano
En la estación de las novias
Escribo tu nombre

En mis jirones de cielo
En el estanque sol verde
En el lago luna viva
Escribo tu nombre

En el lejano horizonte
En las alas de los pájaros
En el molino de sombras
Escribo tu nombre

En cada soplo del alba
En el mar en los navíos
En la montaña demente
Escribo tu nombre

En la espuma de las nubes
En el sudor del mal tiempo
En la lluvia espesa y tonta
Escribo tu nombre

En las formas centelleantes
En la esquila del color
En la certidumbre física
Escribo tu nombre

En los senderos abiertos
En las rutas desplegadas
En las plazas que desbordan
Escribo tu nombre

En el candil que se enciende
En el candil que se apaga
En mis moradas reunidas
Escribo tu nombre

En el fruto dividido
Del espejo y de mi cuarto
En mi caracol vacío
Escribo tu nombre

En mi can glotón y tierno
En sus orejas erguidas
En su pata contrahecha
Escribo tu nombre

En el umbral de mi puerta
En las cosas familiares
En el calor consagrado
Escribo tu nombre

En los cuerpos que concuerdan
En la faz de mis amigos
En las manos que se tienden
Escribo tu nombre

En el vidrio del asombro
En los labios espectantes
Por encima del silencio
Escribo tu nombre

En mis refugios destruidos
En mis faros derrumbados
En los muros de mi tedio
Escribo tu nombre

En la ausencia sin deseos
En la soledad desnuda
En las gradas de la muerte
Escribo tu nombre

En la salud recobrada
En el riesgo disipado
En la espera sin recuerdos
Escribo tu nombre

Y en virtud de una palabra
Vuelve a comenzar mi vida
Nací para conocerte
Y nombrarte

Libertad.

(Poésie et Vérité, 1942.)

Nuestro movimiento

Vivimos olvidados de nuestras mutaciones
El día es perezoso pero la noche es rápida
El aire del cenit ella lo filtra y usa
La noche nunca deja polvo sobre nosotros

Deja en cambio este eco que rueda todo el día
Fuera del tiempo de la angustia y las caricias
Este encadenamiento de los mundos insípidos
Y los mundos sensibles suyo es un doble sol

¿Estamos cerca o lejos de la conciencia? ¿Dónde
Nuestras raíces nuestras fronteras nuestro fin?

Sólo el largo placer de nuestras mutaciones
Esqueletos que se alzan en los muros derruídos
Las cifras acordadas a las formas dementes
A la carne ingeniosa a los ciegos videntes

Las citas acordadas por el rostro al perfil
Por el dolor a la salud por el fulgor
De los astros al bosque por la montaña al valle
Por la mina a la flor por las perlas al sol

Somos cuerpo con cuerpo somos tierra con tierra
Nacemos dondequiera y no tenemos límites.

(Le dur Désir de Durer, 1946.)

Habla de la fuerza del amor

Entre mis sufrimientos entre la muerte y yo
Entre mi desaliento y el porqué de vivir
Existe la injusticia y el dolor de los hombres
Que no puedo admitir existe mi furor

Existen los maquís color sangre de España
Existen los maquís color cielo de grecia
El pan la sangre el cielo y el derecho a esperar
Para los inocentes que aborrecen el mal

La claridad está siempre por extinguirse
La vida puede siempre llegar a ser basura
Pero la primavera renace y no la olvida
Surge una rama nueva y se instala el calor

Y el calor triunfará sobre los egoístas
Sus sentidos raquíticos no lo resistirán
Oigo el hablar del fuego que ríe de tibieza
Oigo a un hombre decir que no ha sufrido

Tú que fuiste conciencia sensible de mi cuerpo
Tú a quien amo por siempre tú que me has inventado
No soportabas la opresión ni la injuria
Cantabas y soñabas la alegría en la tierra

Soñabas con ser libre y yo te continúo.
(Poèmes politiques, 1948.)

Las puertas se abren las ventanas se descubren
Un fuego silencioso se enciende y me deslumbra
Todo se cumple encuentro
Criaturas que no quise

Aquí el idiota que tenía cartas del extranjero
Aquí el anillo inapreciable que él creía de plata
Aquí la charlatana de cabellos canosos
Aquí la niña inmaterial
Inacabada y fea impregnada de noche y de miseria
Recargada de malvas y de absurdas clemátides
Su desnudez su castidad dondequierea sensibles
Aquí el mar y los barcos sobre mesas de juego
Un hombre libre y otro y es el mismo
Bestis rabiosas ante el miedo disfrazado de lodo
Muertos dementes prisioneros todos los ausentes

Pero por qué no estás tú para despertarme.

(La Vie immédiate, 1932.)
Mi espíritu que aún refulgía en las hojas
Y las flores, mi espíritu como el amor desnudo,
La aurora que se olvida le hace inclinar el rostro
Y contemplar su cuerpo obediente e inútil.

Pero yo vi los ojos más hermosos del mundo,
Dioses de plata que tenían zafiros en sus manos,
Dioses completamente, pájaros en la tierra
Y en el agua, los vi.

Sus alas son las mías, nada existe
Sino su vuelo que sacude mi miseria,
Vuelo de estrella y resplandor,
Infinita llanura, río, roca, su vuelo,
Las olas claras de sus alas,

Mi pensar sostenido por la vida y la muerte.


(Capitale de la doleur, 1926.)

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